Una prenda de compresión mantiene su sujeción mientras dure su elasticidad, y la forma de lavarla y secarla decide la mayor parte de eso. La versión corta está en la página de cada producto: lavar a mano con agua fría, secar colgado, sin secadora, sin cloro, sin suavizante. Esta es la rutina completa, y por qué importa cada paso.
Lavado
- A mano, con agua fría, y con un detergente suave.
- Con delicadeza. Mueve y presiona en lugar de tallar; la fricción desgasta la tela y su elasticidad.
- Sin blanqueador y sin nada que contenga cloro.
- Sin suavizante.
Secado
- No la exprimas ni la tuerzas. Presiona para sacar el agua, o enróllala en una toalla.
- Sécala colgada, lejos del sol directo.
- Nunca en la secadora, en ningún ciclo.
Por qué estas reglas
La tela de compresión obtiene su elasticidad del elastano, también llamado spandex. El elastano es lo que permite que la prenda se estire al ponértela y recupere su forma, y también es la fibra más delicada que contiene.
- El calor del agua caliente o de la secadora deteriora el elastano, y la elasticidad que se pierde así no se recupera. Por eso la secadora es la única regla que no conviene romper.
- El cloro — del blanqueador y del agua de alberca — ataca químicamente el elastano y, con el tiempo, lo deja quebradizo y flojo.
- El suavizante recubre las fibras, y esa capa apaga su elasticidad con cada lavado.
- El sol directo destiñe el color, y eso se nota más en el negro y el chocolate.
Nada de esto es una precaución genérica de lavado. Cada regla protege la parte de la prenda que hace el trabajo.
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